Trump va contra pacto nuclear para reconquistar a sus electores

¿Qué une Pyongyang con Washington D.C. y Teherán? Obviamente, el acuerdo nuclear que cercene las aspiraciones del Kim Jong-un, y del otro lado el ya terminal pacto con Rusia, China, Francia, Alemania e Irán. La realidad, sin embargo, resulta más prosaica. La Casa Blanca, acuciada por la sombra ácida del impeachment y la investigación del Rusiagate por el fiscal especial, Robert Mueller, necesita blindar sus posiciones frente a los comicios de medio término.

El Congreso renovará sus 435 escaños, y el Senado 35 de 100. Al día de hoy los republicanos son mayoría en las dos cámaras, pero su primogenitura está seriamente en peligro. Para entender las acciones en política exterior de la Casa Blanca, conviene auscultar las sístoles de la política doméstica. El tablero geoestratégico se juega, ahora mismo, en los colegios electorales de Estados Unidos.

El presidente estadounidense ha cosechado innegables éxitos domésticos, principalmente de índole económica, con su llamada al “America First”: Durante su primer año en la Casa Blanca, el Dow Jones registró 70 máximos históricos, logrando subir cinco mil puntos en un solo ejercicio por primera vez.

El presidente lideró una rebaja en el tipo medio, que pagan las empresas hasta 21 por ciento, lo que ha provocado un aumento de la confianza y una bajada significativa del paro. Además, durante los cuatro trimestres de 2017, el PIB de la primera economía mundial creció tres por ciento más, respecto al anterior trimestre.

Sin embargo, el presidente no tiene nada claro el desenlace de las legislativas. Cada discurso y cada palabra, cada anuncio y cada iniciativa, avanzan propulsados por los intereses electorales de un Trump acorralado. Hace meses que las encuestas, en caída libre, y los índices de popularidad del presidente, igualmente arruinados, anuncian una debacle electoral en favor del partido demócrata.

Para recuperar el terreno perdido Trump se hace el fuerte en las principales reivindicaciones de la campaña. Tras la ruptura del Acuerdo Transpacífico y el del cambio climático, la suspensión del programa que protegía de la deportación a los dreamers, el veto a los inmigrantes de algunos países musulmanes y los aranceles al acero y el aluminio, tocaba apostar a lo grande. Para lograrlo necesitaba despejar el puente de mando. Adiós a las palomas, Tillerson y McMaster; hola a los halcones, partidarios de la mano dura. Con ellos de firmes aliados, llegó el momento de la caza mayor, Norcorea e Irán.

De la primera no llegan más que buenas noticias. Las últimas del brazo de Mike Pompeo, secretario de Estado, que regresó a EU, después de reunirse con sus homólogos norcoreanos, acompañado por los tres estadounidenses que seguían presos. Kim Hak Duk, Tony Kim y Kim Dong Chul. Con la fecha y el lugar elegidos para la reunión entre Kim y el presidente Trump, 12 de junio y Singapur, la diplomacia trabaja contrarreloj para limar suspicacias y ultimar una agenda razonable.

La ruptura del acuerdo nuclear permite a Trump exhibir su mejor perfil de hombre duro e intratable sheriff. Si alguien dudaba de la oportunidad electoral de todos estos pasos, haría bien en consultar las encuestas. Aunque los sondeos todavía conceden una ventaja a Trump de entre cinco y seis puntos, hace apenas dos meses la desventaja frente a los demócratas superaba de largo los 10.

 

El ejército israelí reforzó sus tropas alrededor de la frontera con Gaza, y advirtió a la población del enclave que no se acerque a la divisoria.
Sede consular, una promesa de 1995
En el traslado hoy de su embajada de Tel Aviv a Jerusalén, el presidente Donald Trump conseguirá cumplir una promesa que hizo EU a Israel hace más de dos décadas, en 1995.

Han tenido que pasar tres mandatarios —Bill Clinton (1993-2001), George W. Bush (2001-2009) y Barack Obama (2009-2017)—para que Estados Unidos finalmente acate el compromiso que acordó bajo la Ley de la Embajada de Jerusalén, con el que reconoció a la ciudad santa como capital del Estado de Israel.

Esta ley, aprobada en la Presidencia de George Bush (padre) instó al Gobierno a trasladar entonces su embajada a Jerusalén, pero los expresidentes Clinton, Bush hijo y Obama postergaron cada seis meses su implementación, alegando los intereses nacionales del país.

Trump hizo lo mismo por primera vez en junio, pero en diciembre, cuando se cumplía el plazo límite para volver a demorar la aplicación de esa ley, la Casa Blanca no envió ninguna orden al Congreso, y el mandatario anunció que movería la sede a Jerusalén

| La Razón | Internacional | Autor: Redacción |
Nota Publicada: 2018-05-14

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