Una Corte Suprema ultraconservadora… y ¿vengativa?

Ya no hay vuelta atrás. Brett Kavanaugh fue elegido juez vitalicio de la Corte Suprema de Estados Unidos tal como planeó maquiavélicamente el presidente Donald Trump: antes de las elecciones legislativas del 6 de noviembre, para aprovechar que los republicanos siguen siendo mayoría en las dos cámaras del Congreso.

Se confirma y se agudiza el giro ultraconservador de Estados Unidos, ya que la máxima corte contará con cinco jueces conservadores y cuatro jueces progresistas.

El nuevo juez supremo estaba desde hace dos semanas en el ojo del huracán, tras verse obligado a defender su candidatura en el Senado de una mujer que lo acusó, en la misma cámara alta, de intento de violación cuando ambos eran jóvenes.

En su defensa, Kavanaugh se mostró desafiante y agresivo contra los demócratas, lo que, aparte de las sospechas de abusos sexuales, elevó las dudas sobre su partidismo y su temperamento para formar parte de la corte más importante del país. De hecho, es inquietante la similitud de estilo que guarda con su mentor, Donald Trump, como se puede ver en este extracto de su defensa: “Todo este esfuerzo de dos semanas (por vetar su candidatura) ha sido un golpe político calculado y orquestado, alimentado por la aparente ira reprimida contra el presidente Trump y su victoria en 2016, la venganza en nombre de los Clinton y millones de dólares en dinero de grupos opositores de izquierda”.

Esta evidente afinidad con las posturas radicales de Trump llevó a 2,400 jueces y profesores de derecho de todo el país a sentirse “obligados” a escribir una carta a los legisladores para mostrar su preocupación y para advertirles, antes de que votasen, de que “el juez Kavanaugh mostró una falta de temperamento judicial que sería descalificante para cualquier tribunal, y ciertamente para la elevación a la corte más alta de esta tierra”.

No escucharon la advertencia de los expertos y ahora un ultra ocupará la vacante que dejó el expresidente de la Corte, Anthony Kennedy, un magistrado conservador pero polémico, no precisamente por su radicalidad, sino por su moderación, ya que varias veces inclinó la balanza del lado progresista, como cuando en 2015 su voto decidió la legalización del matrimonio gay en todo el país.

A partir de ahora va a ocurrir todo lo contrario. No sólo podría haber un retroceso en derechos civiles ya logrados, como el aborto legal, sino que la mayoría conservadora en la Corte se erige como el escudo legal perfecto para que Trump no sea juzgado por la trama rusa durante la campaña de 2016 o, por ejemplo, para que desautorice los intentos de muchos jueces de frenar su cruel persecución a los inmigrantes.

| La Crónica | Internacional | Autor: Redacción |
Nota Publicada: 2018-10-08

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