Vivienda para todos... ¿Se puede? ¿Cómo?

“La llamada penuria de la vivienda, que representa un papel tan grande en la prensa, no consiste en que la clase obrera en genera viva en malas viviendas, superpobladas e insalubres.

“Esta penuria de la vivienda no es peculiar del momento presente, ni siquiera es una de las miserias propias del proletariado moderno a diferencia de todas las clases oprimidas del pasado; por el contrario ha afectado de una manera casi igual a todas las clases oprimidas de todos los tiempos.

“Para acabar con esta penuria de la vivienda no hay más que un medio; abolir la explotación y la opresión de las clases laboriosas por la clase dominante.

“Lo que hoy se entiende por penuria de la vivienda es la particular agravación de las malas condiciones de habitación de los obreros a consecuencia de la afluencia repentina de la población hacia las grandes ciudades; es el alza formidable de los alquileres, una mayor aglomeración de inquilinos en cada casa y, para algunos, la imposibilidad total de encontrar albergue.

“Y esta penuria de la vivienda da tanto que hablar porque no afecta solo a la clase obrera, sino igualmente a la pequeña burguesía”.

Contundente y crudo, el filósofo y socialista alemán, Friedrich Engels (1820-1895), escribió hace 145 años una “Contribución al Problema de Vivienda”, que hoy sigue siendo tan vigente como en el tiempo en que fue escrita.

En los párrafos que cito al inicio de este texto, Engels, quizá el principal socio intelectual de Karl Marx (1818-1883), sintetiza con impactante claridad los dos aspectos que siguen definiendo la esencia del reto habitacional mundial; pobreza y marginación urbana.

Porque hoy como entonces es evidente la solución al reto de vivienda... Basta con elevar el salario y la calidad del empleo, de modo que además de un ingreso más alto, el trabajador tenga acceso a un Fondo de vivienda y califique para obtener un crédito bancario.

Y bueno, ya si de soñar se trata, sería además muy positivo contar ciudades muy bien planeadas... Y que en esa planeación cuenten con suficiente suelo como para atender cada uno de los nichos de la demanda de vivienda.

Pero el hecho es que tan vigente como en los tiempos en que Engels analizaba el tema, la pobreza medida en cuanto al nivel de ingresos margina a más de 70% de la población urbana de la posibilidad de comprar o rentar una vivienda.

Y este dato se agrava al considerar a quienes tienen ingresos –formales o informales- que les permitirían acceder a una vivienda, pero que no pueden hacerlo porque su trabajo no les da prestaciones que incluyan ser derechohabientes de los dos grandes fondos de vivienda que operan en el país; Infonavit y Fovissste.

Eso en cuanto al factor pobreza... Pero la situación se hace más difícil en la medida en que la vivienda urbana se ha encarecido como resultado de una especulación del suelo consecuencia de regulaciones obsoletas y desvinculadas de un proyecto de ciudad que incluya instrumentos dirigidos a atender las necesidades de vivienda de todos sus segmentos de población.

Es simple; la regulación mantiene la oferta de vivienda en niveles muy inferiores a la demanda y esto eleva los precios, elevando también las dificultades que enfrentan para atender su personal reto habitacional los segmentos de menores ingresos.

¿Se puede atender el reto habitacional de ese enorme grupo de población? Se puede... Y aunque es evidente que la forma obvia de hacerlo sería meterle el acelerador a fondo a la economía para que crezcan tanto salarios, como el número de trabajadores en la economía formal, la realidad es que esto es algo imposible de lograr en el corto plazo, por lo que lo más sensato es diseñar instrumentos de crédito y subsidio que permitan compensar la debilidad de los segmentos más vulnerables.

Y por supuesto, mejorar créditos y subsidios no será suficiente si además no se profundiza en los modelos de planeación urbana, de modo la oferta de suelo vaya en línea con el tamaño de la demanda.

Y ojo, que esto implica aprovechar instrumentos como la más que satanizada captación de plusvalías, de modo que la ciudad gane y tenga elementos para impulsar la generación de viviendas de bajo costo.

Claro, además de créditos, subsidios, suelos y regulación, se requieren gobiernos que entiendan instrumentos como la vivienda en renta, y que ese entendimiento los lleve a desarrollar modelos que permitan producirla en los volúmenes que la demanda exige.

Las ciudades están hechas para muchas cosas, pero su ADN está en la capacidad de hacer de la vivienda, esa semilla de desarrollo que da razón de ser y estructura lógica al tejido urbano.

El reto debe ser que las ciudades sean incluyentes y que la esencia de esa inclusión esté en dar oportunidades de vivienda que respondan a las necesidades específicas de cada uno de sus habitantes, en especial de los que forman parte de sus grupos más vulnerables.

No hay mucho que pensarle... Una ciudad que no atiende la demanda de vivienda de todos sus segmentos de población es una ciudad fallida.

| SDP Noticias | Actores del Mercado | Autor: Horacio Urbano |
Nota Publicada: 2018-05-03

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