La estética y la tragedia de las viviendas de interés social

Son cientos de casas con el mismo diseño, distribuidas en grandes terrenos en formas geométricas que dan la impresión de ser maquetas o diseños por computadora. Aparentan perfección y orden, pero ocultan marginación, falta de servicios y mala ubicación. Se trata de conjuntos habitacionales de interés social que el arquitecto Jorge Taboada ha capturado en una serie llamada “Alta densidad”.

Desde 2010, Taboada ha fotografiado -primero en vuelos en helicóptero y ahora mediante la ayuda de drones- construcciones que muestran cientos de casas iguales, en terrenos alejados de ciudades como Torreón, Cadereyta, Apocada, Ecatepec, Querétaro y la capital mexicana.

Su proyecto comenzó por una inquietud acerca de la forma y geometría de las construcciones. Le llamó “alta densidad” por una cuestión visual y una sensación de saturación presente en esos espacios. Pensaba cómo estas casas uniformes podrían satisfacer las necesidades de cada individuo o familia.

Por la realidad que ocultan estas viviendas, a Taboada le parecen “paraísos siniestros”. “Es como si fuera un plan perverso de mentes que quieren meter a la población en un orden. Todos queremos tener un espacio propio, es parte de lo que la cultura te dicta: tener tu familia, tu casa, pero con muchas carencias. Son muy caras para lo que te están ofreciendo. Tienen aspectos de construcción muy deficientes”, explicó en entrevista con EL UNIVERSAL.

Cuando el sueño de un hogar se vuelve pesadilla
Millones de mexicanos viven hoy en descomunales complejos habitacionales que, pese a la imagen de perfección y orden que proyectan, terminan condenándolos a vivir en el aislamiento de las periferias urbanas, lejos de todo, incluso de los servicios más elementales
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Para el arquitecto Felipe Leal, el tema de la vivienda de interés social es un asunto de ganancia más que de calidad de vida. “Si para el constructor y para el promotor de vivienda un desarrollo tiene potencial de ganancia, se hace. La habitabilidad no importa”.

Cada vez que Taboada ve estas construcciones experimenta una sensación ambigua; por una parte le agrada la cuestión estética de la forma, el color y la distribución, pero “son muy frías en invierno y muy calientes en verano. Están muy lejos de la ciudad y terminan abandonadas porque la gente que las habita no puede costearlas”.

Unidad habitacional en García, Nuevo León Foto: Cortesía Jorge Taboada

Algo similar opina el arquitecto Leal. “En estos complejos habitacionales es común que con el tiempo se genere una desocupación de hasta 40% de las viviendas”. Explica que se debe a factores como problemas de transporte, carencia de servicios fundamentales, difícil acceso a comercios y escuelas, sin rutas de acceso y la dificultad para pagarlas.

Leonardo González, analista de real estate en Propiedades.com, dice que 14% del parque de viviendas en el país está deshabitado y estas unidades terminan convertidas en “ciudades fantasma”. Señala también que existe cierta tendencia en algunas ciudades del país a edificar hacia la periferia y en espacios más pequeños.

Taboada advierte que en estos conjuntos no hay áreas verdes, se pregunta dónde los niños pueden socializar, pasar su juventud, hacer deporte. “Es un caldo de cultivo para el pandillerismo. Si no tienen espacio en su casa van a buscar salir, pero alrededor sólo hay terrenos baldíos”.

Los daños colaterales, según el arquitecto Leal, son violencia, inseguridad, depreciación progresiva, deterioro. “La vida de las personas en estos lugares se degrada. Son marginados. Crece el individualismo. La gente se encierra en sus casas, se reduce la vida comunitaria”. La desintegración familiar es otra consecuencia, pues ante los largos trayectos para transportarse a la escuela o el trabajo, padres e hijos conviven poco.

Taboada hace con esta serie “una denuncia silenciosa. No estoy señalando. Es como un acto de conciencia. Quisiera que autoridades o constructoras se cuestionaran si están haciendo todo lo posible por dar la mejor vivienda a la población, si es lo mejor que pueden hacer. No se trata de ganar nada más dinero, sino de mejorar la calidad de vida de las personas que habitan esas casas”.

“Las constructoras se han aprovechado del impulso aspiracional de la clase media-baja de tener una casa propia y terminan convertidos en habitantes de esas periferias que se alejan cada vez más de los centros urbanos”, asegura el arquitecto Leal.

Son esos los “paraísos siniestros” que retrata Jorge Taboada.

| El Universal | Actores del Mercado | Autor: Redacción |
Nota Publicada: 2018-05-07

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