Desmenuzando la dignidad de la vivienda digna

El concepto de vivienda digna responde más a criterios tristemente politizados, que olvidando la verdadera razón de esa supuesta falta de dignidad de la vivienda, se regodean en criticar la consecuencia, en lugar de, como sería mucho más sensato y productivo, dirigir todos los esfuerzos a combatir las causas.

Porque no nos hagamos bolas… Podemos sintetizar el reto habitacional en una palabra muy sencilla, conocida y cotidiana: POBREZA.

La gente no elige vivir en viviendas “indignas”… La gente resuelve su muy personal reto habitacional a partir de los alcances de su nivel de ingresos.

Por eso, quienes analizamos el reto habitacional debemos hacerlo asumiendo que el reto a vencer es la pobreza.

Y es que a fin de cuentas, dígase lo que se diga, la solución al reto habitacional implica entender la capacidad de ingreso de cada familia… Entendiendo además la fuente del ingreso, el acceso a instituciones de seguridad social o de naturaleza pública dirigidas a la vivienda, el grado de inclusión financiera y la capacidad de ahorro.

No hay que darle vuelta… El reto habitacional tiene que ver con la capacidad de compra, y, en su caso, acceso a subsidio de cada familia…

Por eso resulta absurdo pretender que la “dignidad” de una vivienda dependa del número de metros cuadrados o habitaciones.

La dignidad de la vivienda tendría mucho más que ver con el acceso a servicios urbanos… Con la capacidad efectiva de dar a cada persona el Derecho a la Ciudad.

Dar dignidad a la vivienda tiene que ver con su ubicación, con su vinculación a la ciudad.

Dar dignidad a la vivienda implica entender que el reto habitacional puede representar cosas enteramente diferentes para cada persona.

No todos necesitan que su vivienda sea propia… Se vale rentar…

No todos necesitan viviendas de dos o más recámaras o con cajones de estacionamiento, porque es posible que sean solteros o no tengan hijos… Y en estos tiempos modernos a nadie debe sorprender que ni por la mente les pase tener coche propio, o tener que pagar el costo de comprar o rentar un cajón de estacionamiento.

A nadie debiera sorprender el que las personas estén dejando de pensar en esa idílica “casita para heredar a los hijos”, porque su plan de vida considera la posibilidad de mudarse cuantas veces sea necesario para responder a nuevos intereses de índole laboral o familiar.

La dignidad de la vivienda no es aquel dogma que hace años se encargaron de politizar… No puede ser ni una carga nacional, ni algo que responda mágicamente a lo que cualquier persona o familia pueda necesitar.

Es momento de revisar esa antigualla de concepto de vivienda digna… Hay que buscar una definición que responda a los nuevos tiempos, o darle cristiana sepultura para evitar que siga marcando paradigmas que ya hace mucho dejaron de responder a la realidad.

No hay vivienda indigna… Hay, eso sí, que construir un catálogo de atributos alcanzables que se puedan armonizar en cada vivienda, como si se tratara de un gran juego de Lego, para crear soluciones diferentes que respondan a las necesidades de personas diferentes.

No nos hagamos bolas… El reto se llama pobreza, y si eso no queda claro se puede pensar en diferentes soluciones para combatirlo, que sin embargo, no tendrán éxito verdadero en tanto no se generen procesos que eleven ingresos y capacidad de compra y acceso a financiamiento de la gente.

No nos hagamos bolas… Vivienda digna es aquella que, estando al alcance de la gente, responda en forma eficiente a sus necesidades.

| Centro Urbano | Actores del Mercado | Autor: Horacio Urbano |
Nota Publicada: 2017-09-19

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